{"id":1801,"date":"2012-12-31T09:44:48","date_gmt":"2012-12-31T14:44:48","guid":{"rendered":"https:\/\/christianediting.com\/?p=1801"},"modified":"2022-11-16T10:17:34","modified_gmt":"2022-11-16T15:17:34","slug":"el-susto-maravilloso-y-otros-relatos-sorprendentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/christianediting.com\/?p=1801","title":{"rendered":"El susto maravilloso y otros relatos sorprendentes"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/El-susto...-y-otros-relatos1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1807\" title=\"El susto maravilloso y otros relatos sorprendentes\" src=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/El-susto...-y-otros-relatos1.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"302\" srcset=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/El-susto...-y-otros-relatos1.jpg 250w, https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/El-susto...-y-otros-relatos1-199x300.jpg 199w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Christian Editing Publishing House<\/strong><\/p>\n<p>CAT\u00c1LOGO 2013<\/p>\n<p><strong>\u00a1Las mejores narraciones del a\u00f1o!<\/strong><\/p>\n<p><strong><em>El susto maravilloso y otros relatos sorprendentes<\/em><\/strong><br \/>\n<strong>Premio Relato Cristiano<\/strong><br \/>\nISBN: 978-1-938310-12-6<br \/>\nEncuadernaci\u00f3n: R\u00fastica (softcover). 10,8 x 17 cm.<br \/>\nP\u00e1ginas: 224<br \/>\nCantidad por caja: 120<br \/>\nCategor\u00edas: Literatura \/ Testimonio.<br \/>\nPrecio de lista: US $4.99<\/p>\n<p><em>El susto maravilloso<\/em>, por \u00c1lvaro Pandiani, Uruguay.<br \/>\n<em>El retrato de Paolo Ross<\/em>i, por Ram\u00f3n Morales Vargas, Panam\u00e1.<br \/>\n<em>El secuestro de Hoch<\/em>, por Heber Gonz\u00e1lez Herrera, M\u00e9xico.<br \/>\n<em>Un hijo nuevo<\/em>, por Esmeralda I. Matos Zayas, Rep\u00fablica Dominicana.<br \/>\n<em>La habitaci\u00f3n<\/em>, por Nuria J. G\u00f3mez Arn\u00e1iz, M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Con agrado presentamos al lector esta extraordinaria colecci\u00f3n de narraciones, nacida de la segunda convocatoria al concurso literario internacional <strong>Premio Relato Cristiano<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>Premio Relato Cristiano<\/strong><br \/>\nConvencidos de que la literatura es un excelente medio para comunicar los valores cristianos, b\u00edblicos y del evangelio de Jes\u00fas, editorial Christian Editing convoca anualmente al <strong>Premio Relato Cristiano<\/strong>, que tambi\u00e9n tiene como objetivos la promoci\u00f3n de nuevos escritores cristianos de lengua castellana y el desarrollo del testimonio y la narrativa de ficci\u00f3n como g\u00e9neros literarios evangel\u00edsticos.<\/p>\n<p>VENTAS:<br \/>\nAdqui\u00e9ralo en su librer\u00eda favorita o p\u00eddalo a su librero o distribuidor.<\/p>\n<p>VENTAS MAYORISTAS:<br \/>\nVentas@ChristianEditing.com<\/p>\n<p><strong>Premio Relato Cristiano 2012<\/strong><\/p>\n<p>FRAGMENTOS<\/p>\n<p><em>El susto maravilloso<\/em>, por \u00c1lvaro Pandiani, Uruguay.<br \/>\n<em>El retrato de Paolo Rossi<\/em>, por Ram\u00f3n Morales Vargas, Panam\u00e1.<br \/>\n<em>El secuestro de Hoch<\/em>, por Heber Gonz\u00e1lez Herrera, M\u00e9xico.<br \/>\n<em>Un hijo nuevo<\/em>, por Esmeralda I. Matos Zayas, Rep\u00fablica Dominicana.<br \/>\n<em>La habitaci\u00f3n<\/em>, por Nuria J. G\u00f3mez Arn\u00e1iz, M\u00e9xico.<\/p>\n<p><strong>El susto maravilloso<\/strong><br \/>\nPor \u00c1lvaro Pandiani<\/p>\n<p><em>\u00c1lvaro Pandiani Figallo. Montevideo, 1965. Pastor evang\u00e9lico, m\u00e9dico y docente universitario. Imparte charlas en colegios, centros comunales y culturales de Montevideo y otras ciudades del Uruguay sobre alcoholismo, drogadicci\u00f3n, aborto, sexualidad, etc. Columnista. Autor de varios libros, entre ellos<\/em> Cielo de hierro, tierra de bronce<em>, Editorial ACUPS, Montevideo, 1998; <\/em>Sentires<em>, Editorial ACUPS, Montevideo, 2000; <\/em>El plan oculto<em>, Editorial Fin de Siglo, 2005; <\/em>La revelaci\u00f3n<em>, Editorial Fin de Siglo, Montevideo, 2006; <\/em>Columnas de humo<em> (Premio Grupo Nelson 2008), Editorial Grupo Nelson, Nashville, TN, 2009; <\/em>Aut\u00f3grafo sagrado<em>, Editorial Grupo Nelson, Nashville, TN, 2011. <\/em>Durante cuarenta d\u00edas<em> (Premio Relato Cristiano 2011), Editorial Christian Editing, Miami, FL, 2011.<\/em><\/p>\n<p><strong>El susto maravilloso<\/strong><br \/>\nFRAGMENTO<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 corriendo a casa aquella tarde. Mi Dios, c\u00f3mo jadeaba; ya no soy joven, y los a\u00f1os han ido<a href=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-1806\" title=\"El susto maravilloso\" src=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-1-300x277.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"277\" \/><\/a> dejando su huella en mi cuerpo. \u201cCosas que no son enfermedades\u201d, dec\u00eda el m\u00e9dico levantando las manos con las palmas hacia arriba; simplemente, es ponerse viejo. Qu\u00e9 triste, viejo a los cuarenta. O tal vez sea que ya no corro como cuando era joven. S\u00ed, reconozco que la vida c\u00f3moda en la ciudad me ha ablandado. Cuando era joven iba con mis amigos al campo; pase\u00e1bamos, jug\u00e1bamos, corr\u00edamos, hasta colabor\u00e1bamos en tareas propias de los campesinos, quienes nos miraban sin entender. Les explic\u00e1bamos que lo hac\u00edamos por un sentimiento fraternal, porque todos somos hermanos en la adversidad, y esas cosas; ellos agradec\u00edan y elogiaban nuestra disposici\u00f3n. Pero hasta el d\u00eda de hoy estoy seguro de cu\u00e1les ser\u00edan sus comentarios; se mirar\u00edan significativamente, sacudiendo la cabeza, y dir\u00edan: \u201cj\u00f3venes, \u00a1y de ciudad, para peor!\u201d<br \/>\nS\u00ed, es verdad, siempre viv\u00ed en la ciudad; y no en cualquier ciudad, en la capital del pa\u00eds. Hablo tres idiomas, he viajado mucho, y tengo tratos comerciales con personas de varias nacionalidades; pero ya no corro. Cr\u00e9anme, mientras jadeaba, mi espalda apretada contra la puerta de calle bien trancada, pens\u00e9 todo esto; y pens\u00e9: <em>cu\u00e1nto hace que no corro<\/em>. Pero si hasta siendo un muchacho de diecisiete a\u00f1os pas\u00e9 un verano completo en las monta\u00f1as, con los rebeldes. No, no piensen que asesin\u00e9 a nadie; ni siquiera era un revolucionario, pero a esa edad uno busca un ideal. Un primo m\u00edo se hab\u00eda unido a los rebeldes el a\u00f1o anterior, y ese verano me convenci\u00f3 de ir con \u00e9l. Pero a los tres meses un ataque a un puesto militar sali\u00f3 mal, mi primo cay\u00f3 en manos de los soldados, y ellos lo mataron de un modo horrible. Yo vi todo, escondido tras unos arbustos; quise ayudarlo, pero los otros rebeldes me lo impidieron, me taparon la boca, no pude ni siquiera gritar. Entonces volv\u00ed a casa. Corr\u00ed tanto para llegar a mi hogar, y mi padre me recibi\u00f3, y llor\u00e9 en brazos de mi madre; sus memorias sean benditas. Ya nunca m\u00e1s supe de los rebeldes, ni ellos vinieron a reclamarme nada. Han pasado m\u00e1s de veinte a\u00f1os, y ellos a\u00fan siguen su lucha; pero no han conseguido nada, ni creo que lo consigan. Son tiempos duros. No s\u00f3lo quienes toman las armas terminan mal; tambi\u00e9n aquellos que pretenden revolucionar los corazones con un mensaje de paz acaban muertos. S\u00ed, yo vi cosas horribles, y tambi\u00e9n cosas maravillosas; esos \u00faltimos d\u00edas hab\u00edan abundando eventos de los dos tipos.<br \/>\nPero esa tarde lo que vi en una calle de la ciudad, no muy lejos de casa, me asust\u00f3 de verdad. Corr\u00ed, corr\u00ed espantado, incr\u00e9dulo, aterrado, hasta llegar a casa; llegu\u00e9, tranqu\u00e9 y me apoy\u00e9 contra la puerta. Me llev\u00f3 mucho rato calmarme, serenar mi respiraci\u00f3n, encontrar otra vez aire para meter en mis pulmones. Es que hace tanto que no corro; solo atiendo mi negocio, en mi propia casa, y una vez a la semana camino apenas dos calles para ir al servicio religioso. S\u00ed, ya s\u00e9, no me miren as\u00ed; adem\u00e1s, estoy gordo. \u00bfY qu\u00e9 quieren? Soy un viejo de cuarenta a\u00f1os.<br \/>\nCuando me calm\u00e9, abr\u00ed los ojos; la sala estaba en penumbra. Anochec\u00eda. La escasa luz del ocaso entraba, tenue, por la ventana. La ventana junto a la puerta de calle. Ay Dios, los postigos de madera estaban abiertos y la cortina se agitaba suavemente con la brisa de la tarde. Supe que deb\u00eda cerrar esos postigos, trancarlos, pero no me anim\u00e9. Tres escalones abajo, m\u00e1s all\u00e1 del jard\u00edn cercado de piedras blanqueadas con cal, de ese jard\u00edn en el que me ocupaba por las ma\u00f1anas, lleno de hermosas flores en esa primavera \u00fanica, m\u00e1s all\u00e1 estaba la calle. \u00bfY si eso que hab\u00eda visto justo pasaba por all\u00ed? \u00bfY si me ve\u00eda? \u00bfY si pretend\u00eda entrar en mi casa? Me alej\u00e9 de la ventana, me sumerg\u00ed en la oscuridad de mi casa; no encend\u00ed ninguna luz, no me prepar\u00e9 comida, ni siquiera beb\u00ed agua. S\u00f3lo me sent\u00e9 en una silla al fondo de la sala, temblando, esperando; tratando de convencerme de que no hab\u00eda visto lo que hab\u00eda visto, aunque lo vi, sobresaltado, y lo volv\u00ed a mirar, horrorizado, y lo escrut\u00e9 detenidamente, al borde del p\u00e1nico y sintiendo que mis ojos echaban a volar fuera de sus \u00f3rbitas. Gracias a Dios, muchas gracias sean dadas a Dios, \u00e9l no me vio. \u00bfY qu\u00e9 si mi familia hubiera estado all\u00ed esa tarde? No quiero ni pensarlo. Otra vez debo agradecer a Dios, porque hac\u00eda ya cinco d\u00edas los hab\u00eda enviado lejos, a la costa. \u201cAna\u201d, le hab\u00eda dicho a mi esposa, \u201ctienes que irte. Vete a nuestra casa en la playa. Ll\u00e9vate a Miriam, a Claudia y al peque\u00f1o Nico. No, no discutas; ya sabes lo que ocurre cuando llegan los d\u00edas de nuestra fiesta nacional. Hay tumultos, revueltas, y los soldados restablecen el orden apaleando a todos por igual; no se fijan en mujeres y ni\u00f1os\u201d.<br \/>\nY se hab\u00edan ido.<br \/>\nY se perdieron la fiesta nacional; hubo tumultos, s\u00ed, ustedes recordar\u00e1n, pero nadie fue apaleado. Sin embargo yo estaba agradecido, pues la tarde de ese d\u00eda se libraron de algo m\u00e1s escalofriante que una carga de soldados, sus botas resonando en el pavimento y los bastones golpeando.<br \/>\nSe libraron de verlo a \u00e9l.<br \/>\nNo s\u00e9 c\u00f3mo me libr\u00e9 yo de ser visto, pese a que qued\u00e9 paralizado, y demor\u00e9 en diluirme entre la muchedumbre, en esconderme, mientras lo miraba y lo miraba para convencerme de lo imposible. \u00c9l caminaba despacio, deteni\u00e9ndose a cada momento, pero no mostraba impedimento f\u00edsico alguno; es que paraba a cada instante para observar con ojos \u00e1vidos de curiosidad cada persona, cada ni\u00f1o, los puestos del mercado, las palomas, los \u00e1rboles \u2013los pocos que quedan\u2013, e incluso, durante el poco rato que lo observ\u00e9 lo vi detenerse a escuchar el repentino canto de una bandada de golondrinas; y as\u00ed qued\u00f3, contemplando el resplandeciente cielo azul de la tarde, y el sol, como cosas perdidas y a medias recordadas. Iba vestido de ropas viejas y ra\u00eddas, parec\u00eda un pordiosero, pero su piel luc\u00eda limpia y su rostro lleno de vigor, lleno de salud.<br \/>\nNo cab\u00eda duda, era mi t\u00edo Jos\u00e9.<\/p>\n<p>CONTIN\u00daA<\/p>\n<p><strong>El retrato de Paolo Rossi<\/strong><br \/>\nPor Ram\u00f3n Morales Vargas<\/p>\n<p><em>Ram\u00f3n Morales Vargas naci\u00f3 en Oc\u00fa, provincia de Herrera, uno de los pueblos m\u00e1s folkl\u00f3ricos de Panam\u00e1. Con una formaci\u00f3n actoral y musical, opt\u00f3 por escribir libretos de teatro infantil y experimental para sus propios montajes. Profesionalmente tambi\u00e9n se ha dedicado a hacer libretos dram\u00e1ticos para televisi\u00f3n. Es misionero cristiano del Centro de Teoterapia Integral, y restaura familias e individuos en el peque\u00f1o pueblo de Penonom\u00e9, en Panam\u00e1.<\/em><\/p>\n<p><strong>El retrato de Paolo Rossi<\/strong><br \/>\nFRAGMENTO<\/p>\n<p>Penonom\u00e9 es una peque\u00f1a ciudad que a veces le duele perder la candidez de pueblo, pero cuando <a href=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1817\" title=\"El retrato de Paolo Rossi\" src=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-2-273x300.jpg\" alt=\"\" width=\"273\" height=\"300\" \/><\/a>es campirana, salta alto hasta que le duelen los talones y se sienta en la banqueta, simulando as\u00ed su derrota, y comiendo helado hasta mancharse los cachetes, mientras dice:<\/p>\n<p><em>\u201cNo me duelen los pies, y me gusta m\u00e1s ser como mi abuelito\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Mart\u00edn Gonz\u00e1lez caminaba por el Casco Antiguo de Penonom\u00e9. Miraba las calles, escaso de gestos e intenciones. Vio a un anciano asomado en una puerta abierta, pero cortada por la mitad. La parte inferior estaba cerrada y lo cubr\u00eda de la cintura para abajo. Al ver eso, volvi\u00f3 a transformar su rostro en una sonrisa que le resultaba algo extra\u00f1a, porque con los a\u00f1os hab\u00eda perdido fuerzas. S\u00ed, a pesar de que cada vez re\u00eda menos, al ver al viejito asomado, y sin que se viera la parte inferior de su cuerpo, record\u00f3 aquel chiste de los abuelos:<\/p>\n<p><em>\u201cEn Penonom\u00e9, los abogados cortan la puerta por la mitad, para asomarse con el saco puesto y que no se den cuenta que andan en calzoncillos\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Y record\u00f3 a su pap\u00e1 (viejo y con un cigarrillo), contando ese chiste cada semana, y a \u00e9l (ni\u00f1o y con la cabeza en la mano) riendo, con algo de compasi\u00f3n por la mala memoria de su progenitor.<br \/>\nTras deambular por las calles del barrio viejo, se detuvo en una tienda y compr\u00f3 bebida de uva y galletas de pasas. Se sent\u00f3 fuera de la tienda y entre jugo y galletas se puso a pensar. O m\u00e1s bien, tras mirar las circunstancias de ese pedacito de Penonom\u00e9, comenz\u00f3 a tejer situaciones\u2026<\/p>\n<p><em>&#8230;fuera de la tienda hay un \u00e1rbol\u2026 bajo el \u00e1rbol una banca, frente a la banca y el \u00e1rbol, desafiando al \u00e1rbol y la banca, una casa\u2026 frente a la tienda hay una casa, y en medio: un \u00e1rbol, una banca.<\/em><br \/>\n<em> \u2026fuera de la tienda hay un \u00e1rbol, una banca, una casa, un hombre meditando con jugo y galletas de pasas. Y alrededor de todo eso, pensamientos de ni\u00f1o, entre las sienes de un adulto.<\/em><\/p>\n<p>Mart\u00edn Gonz\u00e1lez pens\u00f3: \u201cqu\u00e9 casa tan hermosa y grande\u201d. Porque era verdad, frente a la tienda, el \u00e1rbol y la banca, la casa a la vista era hermosa y muy grande. Pero cre\u00f3 imposibles:<\/p>\n<p><em>\u201cMi casa se parece a esa\u201d.<\/em><\/p>\n<p>S\u00ed, se parec\u00eda en que tambi\u00e9n ten\u00eda una tienda al frente. Pero era todo y nada m\u00e1s. Su casa ni siquiera era una casa, era un peque\u00f1o apartamento, y la tienda no era tan folkl\u00f3rica y amena; m\u00e1s bien era un caluroso agujero de sodas caras y panes duros.<br \/>\nPero a veces (ya no tanto) percib\u00eda un ronroneo en su alma, y entend\u00eda que era el aliento de los sue\u00f1os.<br \/>\nMart\u00edn Gonz\u00e1lez, sabor a uva y pasas, descanso de brisa vespertina y banca, adormecimiento de derrotas y escepticismo, ten\u00eda una sensaci\u00f3n extra\u00f1a. Trataba de oler hacia dentro, para percibir la fragancia del adi\u00f3s, que era un ramo de rosas muertas en su coraz\u00f3n.<br \/>\nDecidi\u00f3 ir a casa a resolver lo que entendi\u00f3 fuera de ella. Se levant\u00f3 de la banca, a ver si era taxativo e irrevocable en la idea que acariciaba su cabello.<br \/>\nY es que Mart\u00edn Gonz\u00e1lez pensaba ir a casa, tomarse un caf\u00e9 y suicidarse.<br \/>\nEl caso es que, como aquel cin\u00e9filo indeciso que en un multicines mira afiches de otras pel\u00edculas para entusiasmarse con otra cinta, as\u00ed Mart\u00edn exprim\u00eda im\u00e1genes con sus ojos, intentando ver alguna raz\u00f3n para no acabar con su vida.<br \/>\nPero todo era tan igual a siempre y la monoton\u00eda le hac\u00eda porras aburridas, as\u00ed que \u00e9l no desisti\u00f3 de su idea.<br \/>\nFue a casa y le temblaron un poco las rodillas. Mir\u00f3 la soga que hab\u00eda comprado la tarde anterior y lament\u00f3 que desde ese entonces nada le imped\u00eda \u201capagar el foco\u201d.<br \/>\nApur\u00f3 el \u00faltimo traguito de caf\u00e9, se lav\u00f3 los dientes y meti\u00f3 su cabeza en el lazo, tembl\u00f3 m\u00e1s fuerte y con tristeza profunda se lanz\u00f3 al vac\u00edo. Se arrepinti\u00f3 muy tarde, cuando la falta de aire le dol\u00eda en la inteligencia.<br \/>\nPero ya no pod\u00eda hacer nada m\u00e1s; asumi\u00f3 que todo quedaba en manos de la muerte. Se despidi\u00f3 angustiado, pero su mente cantaba incontrolablemente:<\/p>\n<p><em>No me gusta la vida<\/em><br \/>\n<em> No me gust\u00f3 que me metieran en ella<\/em><br \/>\n<em> No lo supe, no lo decid\u00ed<\/em><br \/>\n<em> Jam\u00e1s lo hubiera considerado<\/em><br \/>\n<em> No, no me gusta la vida<\/em><br \/>\n<em> No, jam\u00e1s lo hubiera pensado.<\/em><\/p>\n<p>CONTIN\u00daA<\/p>\n<p><strong>El secuestro de Hoch<\/strong><br \/>\nPor Heber Gonz\u00e1lez Herrera<\/p>\n<p><em>Heber Gonz\u00e1lez Herrera naci\u00f3 en el seno de una familia cristiana, hijo de padres pastores; se gradu\u00f3 en Administraci\u00f3n y Ciencias Sociales, profesi\u00f3n que ejerci\u00f3 hasta que Dios lo llam\u00f3 a su servicio. Siendo un adolescente se separ\u00f3 de lo que \u00e9l llamaba \u201cla fe de sus padres\u201d, por falta de convicci\u00f3n, viviendo una vida atea y totalmente secular, hasta que al atravesar por un momento de crisis Jesucristo lo salv\u00f3. Desde entonces se dedica a pregonar la existencia de Dios, y a Jesucristo como la \u00fanica esperanza de salvaci\u00f3n para un mundo perdido. Actualmente trabaja en el ministerio Buenas Nuevas, en su ciudad natal Tampico, Tamaulipas, M\u00e9xico.<\/em><\/p>\n<p><strong>El secuestro de Hoch<\/strong><br \/>\nFRAGMENTO<\/p>\n<p>Son cerca de las 5 pm cuando abandono la oficina, despu\u00e9s de una larga jornada de trabajo. Es una tarde calurosa y soleada. Fuera del edificio camino por el estacionamiento en direcci\u00f3n a mi auto;<a href=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-1822\" title=\"El secuestro de Hoch\" src=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-3-278x300.jpg\" alt=\"\" width=\"278\" height=\"300\" \/><\/a> todo parece transcurrir como de costumbre, tedioso y aburrido. Por fin llego al carro y enseguida lo abordo. Unos instantes despu\u00e9s de permanecer dentro me quejo del terrible calor que se siente. Resignado, pronto me habit\u00fao, porque quiero marcharme pronto a casa.<br \/>\nAunque parece gustarme mi trabajo este se ha vuelto un fiasco; siento que la rutina me est\u00e1 matando y necesito que algo suceda pronto que le d\u00e9 sentido o al menos un poco de emoci\u00f3n a mi vida.<br \/>\nDespu\u00e9s de algunos minutos de estar conduciendo, llego a casa y estaciono el coche en la vuelta acostumbrada. Esta tarde me siento m\u00e1s cansado de lo normal, las temperaturas de m\u00e1s de 40 grados en pleno mes de mayo mantienen ardiendo la ciudad. Entro al departamento y me percato que mi <em>roomate<\/em> Mezaj no est\u00e1. Decido entonces descansar un momento y me siento en el peque\u00f1o sof\u00e1 rojo de la sala, pero antes me aproximo a tomar el peri\u00f3dico que se encuentra sobre el librero; los titulares en may\u00fascula hacen alarde de la tr\u00e1gica noticia <em>\u201cOla de ejecuciones sacuden la ciudad\u201d<\/em>, haciendo alusi\u00f3n a los acontecimientos que se han desatado por los \u00faltimos d\u00edas en la zona, como muertes y secuestros a consecuencia de la guerra entre los grupos delictivos del narcotr\u00e1fico, o carteles como usualmente les nombran. En los gr\u00e1ficos de la noticia se observan las escenas de un tiroteo acontecido en pleno d\u00eda en el sector m\u00e1s concurrido de la ciudad; en una de las fotos dos cuerpos desangrados tendidos sobre el pavimento yacen sin vida. Son dos j\u00f3venes de no m\u00e1s de 30 a\u00f1os identificados como miembros de las bandas del narco que cayeron en combate contra sus rivales.<br \/>\nMi mente vuela pensando en el motivo que los orilla a enlistarse a estos grupos delictivos y entregar sus vidas a una causa que parece tan reprobable y que acarrea el odio y el desprecio de la gran mayor\u00eda de la sociedad.<br \/>\nLa nota tambi\u00e9n hace alusi\u00f3n a los inocentes que han muerto; las cifras hablan de miles de muertos y desaparecidos en secuestros en todo el territorio nacional y hay quien se atreve a afirmar que esta contienda entre carteles ha cobrado m\u00e1s vidas que la guerra en Afganist\u00e1n. \u00bfQui\u00e9n sabe en qu\u00e9 acabar\u00e1 esto? Pienso que adem\u00e1s parece algo que tambi\u00e9n sucede muy lejos de m\u00ed. Los peri\u00f3dicos y noticieros hablan de enfrentamientos y muertos todos los d\u00edas, pero yo nunca he visto nada. \u00a1Qu\u00e9 suerte tengo!<br \/>\nMe siento exhausto, es entonces que decido retirarme a mi recamara, me olvido por el momento del calor y me acuesto sobre la cama, y en segundos me quedo dormido. Algo que suena inusual en m\u00ed, por esa ausencia de paz en mi coraz\u00f3n que me atormenta y me tiene como hundido en la angustiante sensaci\u00f3n de que dormir de d\u00eda es como dejar ir la vida, aun cuando no tenga nada mejor que hacer. Es una intranquilidad de sentirse perdido en la vida, que atormenta. Es como si de pronto te das cuenta que el reloj de la vida avanza m\u00e1s r\u00e1pido, sabes que el tiempo se est\u00e1 terminando y ves que no has logrado encontrar eso que tanto has buscado y peor, que lo \u00fanico que has conseguido es perder tu tiempo. Has intentando y probado muchas cosas pero parece que no hay nada en el mundo que pueda saciar esa sed que tu alma reclama, eso que has o\u00eddo decir que le llaman \u201cplenitud\u201d.<br \/>\nEn fin, todos mis intentos de filosofar al respecto terminan en frustraci\u00f3n al quedar siempre como al principio, sin respuestas.<br \/>\nHoras m\u00e1s tarde despierto ba\u00f1ado en sudor, salgo de la habitaci\u00f3n y me dirijo a la sala a ver el reloj, son las 7 de la noche, y me pregunto c\u00f3mo fue que dorm\u00ed tanto. Vaya que estaba exhausto. Decido darme un ba\u00f1o para terminar de despertar. Mientras el agua fr\u00eda cae sobre mi cuerpo, esta termina por conectar mis sentidos ayud\u00e1ndome a volver en s\u00ed, cuando una especie de incertidumbre se asoma desde alg\u00fan lugar en mi interior que me deja intranquilo. Al no dar con el presentimiento, decido no prestar m\u00e1s atenci\u00f3n y no preocuparme por algo que no puedo explicar.<br \/>\nEl tiempo transcurre hasta dar las 10 de la noche, he quedado de asistir a la reuni\u00f3n que un viejo grupo de amigos organiz\u00f3; veo que Mezaj no llega, \u00e9l algunas veces se entretiene entre su escuela y su trabajo, entonces decido no esperarlo y me apresuro a terminar de prepararme para la fiesta, y me marcho.<br \/>\nEn minutos arribo al lugar previsto. A la entrada del lugar me encuentro con Rodrigo, un viejo amigo.<br \/>\nDespu\u00e9s de saludarnos, entramos juntos a la reuni\u00f3n, y este me advierte que nos encontramos en casa de Leticia, una ex compa\u00f1era de Rodrigo de la Universidad que reci\u00e9n se ha mudado a la ciudad, y le han preparado una fiesta de bienvenida.<br \/>\nLe pregunto por algunos amigos que no observo en el lugar:<br \/>\n\u2014\u00bfY los dem\u00e1s, a qu\u00e9 hora llegar\u00e1n?<br \/>\n\u2014Esta tarde llam\u00e9 a Tenoch y a Marco, ellos dicen que vendr\u00e1n m\u00e1s tarde \u2014responde Rodrigo.<br \/>\n\u2014Est\u00e1 bien \u2014asumo al momento que entramos al departamento.<br \/>\nCuando entramos enseguida me saludo con Leticia y esta a su vez me presenta con otras personas que se encuentran en el lugar. Tomo una bebida mientras a la vez intento involucrarme en la conversaci\u00f3n que llevan, de temas como el rock, cine alternativo y de otras cosas sin sentido, mientras a la vez todos echamos relajo y miramos futbol.<br \/>\nMis amigos Tenoch y Marco se reportan avisando que no llegar\u00e1n por alg\u00fan motivo.<br \/>\nLas horas transcurren hasta que dan las 12 de la noche. En contraste con el ambiente de fiesta y la euforia del futbol, en el televisor el partido se interrumpe para pronunciar la excepcional frase <em>\u201cEs La hora del \u00c1ngelus, es el momento de la oraci\u00f3n\u201d<\/em>. Todos en el lugar quedamos en el instante quietos, prestando atenci\u00f3n a la reflexi\u00f3n y escuchando el Avemar\u00eda que lo acompa\u00f1a de fondo. Mientras tanto pienso que tambi\u00e9n es la hora de Dr\u00e1cula y de toda especie de ente o personaje maligno que sobrevive en el medio de la noche.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 miedo!, exclam\u00e9 en mis pensamiento, y es entonces que decido marcharme.<br \/>\nNo es que tenga miedo a esos personajes irreales, la verdad es que siempre he sido muy esc\u00e9ptico con los cuentos de terror, lo espiritual y lo sobrenatural; tambi\u00e9n me cuesta trabajo creer en Dios, siempre he cre\u00eddo que es un invento mitol\u00f3gico de la religi\u00f3n universal para acaparar la atenci\u00f3n y atraer adeptos. Yo pienso que todo esto no son m\u00e1s que fantas\u00edas que no van conmigo, lo que me repito a menudo cuando mi mente intenta pensar en alguna posibilidad al respecto.<br \/>\nAunque yo provengo de un hogar cristiano y mi padre adem\u00e1s es un pastor, con el tiempo y el alejamiento del hogar, he dejado de creer en Dios. Es m\u00e1s no s\u00e9 si alguna vez cre\u00ed en \u00c9l; y si fue as\u00ed, la verdad es que yo no he comprobado nada. Ahora s\u00ed que, como dice el dicho, hasta no ver, no creer. Siempre todo lo vi como una religi\u00f3n que no me pod\u00eda llenar.<br \/>\nEn fin, me despido de los amigos con la excusa de que me ha ganado el sue\u00f1o, abordo mi autom\u00f3vil y abandono el lugar.<\/p>\n<p>CONTIN\u00daA<\/p>\n<p><strong>Un hijo nuevo<\/strong><br \/>\nPor Esmeralda I. Matos Zayas<br \/>\n<strong>Premio Especial \u201cBiblia del Pescador\u201d, otorgado por el ministerio Sociedad Misionera Global.<\/strong><\/p>\n<p><em>Esmeralda Matos es dominicana. Al ser rescatada por Jesucristo, pas\u00f3 de escribir literatura ocultista y de terror a utilizar el don de la escritura para la gloria de Dios. Publica un blog de temas cristianos con peque\u00f1as reflexiones y relatos brev\u00edsimos.<\/em><\/p>\n<p><strong>Un hijo nuevo<\/strong><br \/>\nFRAGMENTO<\/p>\n<p>I<br \/>\nTan pronto Jefferson descendi\u00f3 del auto, el taxista aceler\u00f3 dejando un rastro de humo gris que no <a href=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1827\" title=\"Un hijo nuevo\" src=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-4-238x300.jpg\" alt=\"\" width=\"238\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-4-238x300.jpg 238w, https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-4.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 238px) 100vw, 238px\" \/><\/a>tard\u00f3 en disiparse con la brisa veraniega. Se ajust\u00f3 la mochila al hombro, us\u00f3 la mano libre para improvisar una visera y luego se tom\u00f3 unos segundos para observar lo que ser\u00eda su nuevo hogar. Formaba parte de una hilera de casas de madera a ambos lados de la calle Jes\u00fas Maestro. Todas parec\u00edan sacadas del mismo molde: dos niveles, garaje, ventanas con mecanismo de guillotina y \u00e1tico. Estaba pintada de un tenue color azul y el c\u00e9sped pose\u00eda una tonalidad verde vibrante.<br \/>\nLleg\u00f3 hasta la cerca en dos trancos y escuch\u00f3 el chirrido de la puerta principal entretanto cerraba el portoncito. Al girarse, ya lo esperaban en el p\u00f3rtico sus nuevos padres de acogida. Jonathan D\u00edaz era justo como le hab\u00eda visto en la foto del expediente que le entreg\u00f3 la se\u00f1ora Mor\u00eds de servicios sociales. Era un hombre que deb\u00eda rondar aproximadamente los cuarenta a\u00f1os, un poco calvo, de rostro amable (todos siempre ten\u00edan una cara amigable) y estatura notoria. Deb\u00eda de llevarle unas cuantas pulgadas, y \u00e9l ya se consideraba alto. Audrey, su esposa, y de la cual no hab\u00eda visto fotograf\u00edas, era una mujer de altura media y aparentaba ser unos a\u00f1os m\u00e1s joven. Jam\u00e1s pudo concretar una entrevista con los se\u00f1ores D\u00edaz antes de mudarse debido a ciertos obst\u00e1culos para establecer una cita; sin embargo, no consideraba que fuera necesario, le daba lo mismo qui\u00e9nes fueran o creyeran ser.<br \/>\n\u2014Es un placer tenerte con nosotros, Jefferson \u2014dijo el se\u00f1or D\u00edaz mientras caminaba hacia \u00e9l\u2014. D\u00e9jame ayudarte con tus cosas, te&#8230;<br \/>\n\u2014No se moleste \u2014le interrumpi\u00f3, asi\u00e9ndose la mochila con ambas manos\u2014, no pesa tanto.<br \/>\nJonathan dio un paso hacia atr\u00e1s y curv\u00f3 los labios en una peque\u00f1a sonrisa.<br \/>\n\u2014Por supuesto. Ven, te presentar\u00e9 a mi esposa.<br \/>\n\u2014Audrey, cari\u00f1o, este es Jefferson.<br \/>\n\u2014Me han hablado mucho de ti, jovencito \u2014dijo con entusiasmo.<br \/>\nCuando la se\u00f1ora D\u00edaz recibi\u00f3 una sacudida de hombros a modo de saludo por parte de Jefferson, y nada m\u00e1s, le flaque\u00f3 la sonrisa y mir\u00f3 de soslayo a Jonathan antes de regresar su atenci\u00f3n al nuevo integrante de la familia.<br \/>\n\u2014Debes de estar cansado \u2014continu\u00f3\u2014, \u00bfquieres que te muestre tu habitaci\u00f3n ahora?<br \/>\n\u2014S\u00ed, gracias \u2014respondi\u00f3.<br \/>\nLa casa era justo lo que Jefferson esperaba: pulcra, bien decorada, con varias fotos en los estantes y repisas, adem\u00e1s de uno que otro detalle por aqu\u00ed y por all\u00e1 que la hac\u00eda sumamente acogedora. Reinaba un fuerte olor a lavanda que supuso se deb\u00eda a alg\u00fan tipo de limpiador. Decidi\u00f3 que no le gustaba el aroma.<br \/>\n\u2014Por aqu\u00ed se va a la cocina \u2014dijo Audrey, se\u00f1alando hacia una puerta abatible de dos hojas como las que se ven en los bares al estilo del viejo oeste\u2014. Y por all\u00ed al patio trasero \u2014esta vez apunt\u00f3 hacia unas corredizas de cristal en la sala.<br \/>\nJefferson mir\u00f3 con inter\u00e9s una cesta de baloncesto colocada en la pared que separaba el terreno de la casa contigua.<br \/>\n\u2014Si te gusta el basquetbol podemos lanzar unos cuantos tiros despu\u00e9s de la cena \u2014ofreci\u00f3 Jonathan. Jefferson quiso decir que s\u00ed, realmente le gustaba jugar, pero lo pens\u00f3 mejor y agit\u00f3 la cabeza neg\u00e1ndose.<br \/>\nSubieron las escaleras abrazados por un silencio inc\u00f3modo, que apenas fue interrumpido en dos ocasiones por la se\u00f1ora D\u00edaz, cuando indic\u00f3 la ubicaci\u00f3n de los ba\u00f1os y la habitaci\u00f3n donde dorm\u00eda la pareja.<br \/>\n\u2014<em>Voil\u00e0<\/em>, he aqu\u00ed tu cuarto. Espero que te guste. Sol\u00eda ser de mi hijo. Cambiamos algunas cosas pero no quisimos decorarlo mucho hasta que vinieras \u2014dijo, atropellando una oraci\u00f3n tras la otra. Jonathan le toc\u00f3 el antebrazo y ella record\u00f3 respirar.<br \/>\n\u2014Ya sabes \u2014agreg\u00f3 m\u00e1s despacio\u2014, en caso de que quieras cambiar algo.<br \/>\n\u2014Gracias, se\u00f1ora D\u00edaz.<br \/>\n\u2014Oh, ll\u00e1mame Audrey, por favor \u2014dijo con una risita nerviosa. Jefferson no dijo nada.<br \/>\nPor unos momentos permanecieron inm\u00f3viles. La pareja de esposos en la puerta, a la espera de alg\u00fan acontecimiento importante, y Jefferson en medio de la habitaci\u00f3n, estoico, mir\u00e1ndoles con ojos impacientes. Cambi\u00f3 el peso de una pierna a la otra y fingi\u00f3 toser.<br \/>\n\u2014Por supuesto \u2014exclam\u00f3 Audrey en el mismo tono que usar\u00eda alguien que acaba de recordar un dato important\u00edsimo\u2014. Est\u00e1s cansado. Te dejaremos para que organices tus pertenencias. Detr\u00e1s de ti hay un armario donde puedes dejar todo. Encu\u00e9ntranos en una hora en la cocina. Te encantar\u00e1 la pasta \u2014se call\u00f3 repentinamente y dud\u00f3 por un instante. \u2014Porque te gusta la pasta, \u00bfcierto?&#8230; Podr\u00edamos hacer otra cosa y no tardar\u00eda nada.<br \/>\n\u2014Pasta est\u00e1 bien \u2014ataj\u00f3 Jefferson y forz\u00f3 media sonrisa. No quer\u00eda que se tomara m\u00e1s molestias de las necesarias. Despu\u00e9s de todo sab\u00eda que el deseo de complacer le durar\u00eda muy poco y al final ser\u00eda una de las cosas que le echar\u00eda en cara.<br \/>\n\u2014Est\u00e1 bien, claro. Nos vemos m\u00e1s tarde \u2014dijo, y se dio la vuelta rumbo a la cocina.<br \/>\nJonathan contempl\u00f3 el dormitorio durante unos segundos. Su mirada recorri\u00f3 las cortinas blancas que se mec\u00edan suavemente con el viento, la mesita de estudio de dos gavetas, la c\u00f3moda, el armario y la cama donde David sol\u00eda tocar la guitarra, hasta detenerse en el rostro de Jefferson.<br \/>\n\u2014Bienvenido a casa \u2014dijo, y cerr\u00f3 la puerta al salir.<br \/>\nUna vez solo, Jefferson sac\u00f3 el reproductor de m\u00fasica de la mochila, que dej\u00f3 caer al piso, antes de lanzarse sobre la cama, provocando que rechinara hasta que el colch\u00f3n se estabiliz\u00f3. Buf\u00f3 ruidosamente, se coloc\u00f3 los aud\u00edfonos, cubri\u00f3 sus ojos con el antebrazo derecho y recibi\u00f3 con gusto las tonadas de un rock pesado.<br \/>\nDesde que hab\u00eda cumplido diez a\u00f1os, Jefferson se la hab\u00eda pasado viviendo en distintos lugares. Recordaba la primera vez que pis\u00f3 un hogar que no era el suyo, cuando a\u00fan no pod\u00eda creer que su madre estuviera loca y que ahora deb\u00eda de vivir con unos completos extra\u00f1os. En aquella ocasi\u00f3n se sent\u00eda tan aterrorizado, que apenas pudo hablar cuando conoci\u00f3 al se\u00f1or y la se\u00f1ora Smith. Ellos ten\u00edan una ni\u00f1a de ocho a\u00f1os llamada Melissa, con las mismas pecas que su madre. Al principio todo iba bien, y hasta lleg\u00f3 un momento en que crey\u00f3 que podr\u00eda formar parte de esa familia; pero entonces Melissa empez\u00f3 a sentirse celosa de la atenci\u00f3n que su nuevo hermano comenzaba a recibir, por lo que no tard\u00f3 en tratar de meterlo en problemas y mentir cada vez que pod\u00eda. Por supuesto sus padres le cre\u00edan a ella, \u00bfc\u00f3mo ser\u00eda de otra forma? Las cosas escalaron tanto que los Smith decidieron que era mejor que Jefferson se mudara a una nueva residencia. Desde ese entonces se prometi\u00f3 no caer de nuevo en la farsa.<br \/>\nAhora se encontraba en su cuarto hogar, compuesto por una pareja de clase media que hab\u00eda perdido a su \u00fanico hijo hacia dos a\u00f1os. No sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00eda ocurrido, pero la se\u00f1ora Mor\u00eds le coment\u00f3 que fue una especie de accidente.<br \/>\nUna hora y quince minutos m\u00e1s tarde, las tripas de Jefferson rugieron y record\u00f3 que le esperaban para cenar. Una vez al pi\u00e9 de la escalera, la cual baj\u00f3 de dos en dos, mir\u00f3 a todos lados hasta que ubic\u00f3 d\u00f3nde se encontraba la cocina. Jonathan estaba sentado en una mesa que ocupaba casi todo el espacio de la estancia. Audrey terminaba de poner los platos y le se\u00f1al\u00f3 a que tomara un asiento.<br \/>\n\u2014 \u00bfTodo bien? \u2014dijo Jonathan.<br \/>\n\u2014S\u00ed, muy bien.<br \/>\nAudrey sirvi\u00f3 a cada quien una porci\u00f3n de pasta con salsa roja que ten\u00eda muy buena pinta. Jefferson agarr\u00f3 el tenedor y se lo clav\u00f3 al espagueti.<br \/>\n\u2014Un momento, Jefferson \u2014dijo la se\u00f1ora D\u00edaz\u2014. A\u00fan no hemos dado las gracias.<br \/>\nPerfecto, pens\u00f3 con sarcasmo, tambi\u00e9n eran religiosos.<\/p>\n<p>CONTIN\u00daA<\/p>\n<p><strong>La habitaci\u00f3n<\/strong><br \/>\nPor Nuria J. G\u00f3mez Arn\u00e1iz<br \/>\n<strong>Premio Especial \u201cSemilla de Dios\u201d, otorgado por el ministerio Sembrando Semilla de Dios.<\/strong><\/p>\n<p><em>Nuria J. G\u00f3mez Arn\u00e1iz, mexicana y sicoterapeuta de profesi\u00f3n. Articulista de temas cristianos. Miembro del comit\u00e9 de misiones de la Iglesia Capital City Baptist Church. Ha sido finalista en varios cert\u00e1menes literarios promovidos por Christian Editing.<\/em><\/p>\n<p><strong>La habitaci\u00f3n<\/strong><br \/>\nFRAGMENTO<\/p>\n<p>PRIMERA PARTE<br \/>\n<strong>La llamada<\/strong><\/p>\n<p>Sentarse en la oscuridad de la cocina con los ojos cerrados era como enga\u00f1ar a la conciencia para sumergirla en un laberinto y dejarla extraviada entre la realidad y la enso\u00f1aci\u00f3n. Ese agujero negro<a href=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-5.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-1829\" title=\"La habitaci\u00f3n\" src=\"https:\/\/christianediting.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Relato-5.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"260\" \/><\/a> impregnado de aromas y fantasmas era el \u00fanico refugio donde aquel yunque de dolor que la oprim\u00eda a mitad del pecho levitaba a ratos, permiti\u00e9ndole respirar.<br \/>\nCuando los olores de casa y sus quimeras iniciaban su danza y le recordaban que estaba despierta, inhalaba con fuerza la esencia amarga del caf\u00e9 del fondo de la taza, como si con ello pudiera embriagar su entendimiento.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil resultaba sobrevivir!, se quejaba su mente, embotada de sufrir el d\u00eda a d\u00eda.<br \/>\nSu piel se eriz\u00f3 cuando sinti\u00f3 algo que, como una descarga, la recorri\u00f3 desde la planta de los pies hasta el cuello. El est\u00f3mago, reaccionando al cuerpo destemplado, hizo fluir un sabor met\u00e1lico hasta su paladar y la silla pareci\u00f3 hundirse con un bamboleo.<br \/>\nSegundos despu\u00e9s reconoci\u00f3 lo que la hab\u00eda arrancado de su abandono oscuro. \u00a1Cu\u00e1nto odiaba la voz hist\u00e9rica del tel\u00e9fono!<br \/>\nSus u\u00f1as intentaron rasgar la cer\u00e1mica oscura de la taza entre sus manos. El dolor de dientes, rechinando unos contra otros, la distrajo del impulso de arrojar el recipiente contra el causante de su alarma.<br \/>\nEl tel\u00e9fono, \u00bfcu\u00e1ntas veces hab\u00eda sonado, callado y vuelto a sonar? Marlene no pudo descifrarlo pues su mente y su cuerpo forcejeaban para obligarla a levantarse del asiento. Cuando el escalofr\u00edo en la piel fue insoportable, su cuerpo la espole\u00f3 y se incorpor\u00f3 para caminar hacia la mesita donde el artefacto insist\u00eda en que levantara su auricular.<br \/>\n\u2014\u00bfMarlene? \u00bfEst\u00e1s ah\u00ed? \u2014la voz guard\u00f3 silencio esperando una respuesta\u2014 \u00bfMe escuchas?<br \/>\nDe su boca sali\u00f3 un suspiro.<br \/>\n\u2014\u00bfMarlene? Por favor, responde. Estoy empezando a asustarme \u2014insisti\u00f3 Jaime, hablando entre jadeos.<br \/>\n\u2014S\u00ed, Jaime\u2026 aqu\u00ed estoy.<br \/>\n\u2014\u00a1Gracias a Dios que est\u00e1s bien! \u2014respondi\u00f3, luchando contra la arritmia de su respiraci\u00f3n. Escucha, Mar, necesito que me ayudes. Extravi\u00e9 las llaves y mi auto est\u00e1 estorbando a otros que se estacionaron delante de m\u00ed en la iglesia. \u00bfCrees que podr\u00edas traerme la copia que est\u00e1 en el cl\u00f3set de Katia junto con el duplicado de tu auto?<br \/>\nAl instante, una cortina de recuerdos cerr\u00f3 sus o\u00eddos y Marlene azot\u00f3 la bocina contra la base del tel\u00e9fono, cortando la llamada.<br \/>\nEl timbre reinici\u00f3 su exigencia, inclemente, y sintiendo que el ruido perforaba cada poro de su cuerpo, se tap\u00f3 los o\u00eddos presion\u00e1ndolos contra sus palmas con tanta fuerza que un zumbido seco le invadi\u00f3 la cabeza.<br \/>\nIncesante, el aparato chirri\u00f3 y chirri\u00f3 hasta que, con un jal\u00f3n, ella volvi\u00f3 a tomar el auricular para responder, esta vez, a gritos.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres, Jaime?<br \/>\n\u2014\u00a1Por favor, Marlene! \u00a1S\u00f3lo te pido que entres, tomes las llaves y me las traigas a la iglesia! \u2014dijo su esposo con voz presurosa, temiendo que ella cortara la llamada otra vez.<br \/>\n\u2014\u00a1No entrar\u00e9! \u00bfLo entiendes? \u00a1No voy a entrar, ni voy a sacar ningunas llaves de esa habitaci\u00f3n! \u00bfMe escuchas? \u00a1No lo har\u00e9!<br \/>\n\u00a1<em>Clak<\/em>!, escuch\u00f3 Jaime por segunda vez.<br \/>\nEra in\u00fatil insistir. Nada hab\u00eda logrado que Marlene entrara a la rec\u00e1mara de Katia, su hija, en los \u00faltimos dos a\u00f1os. Tendr\u00eda que arregl\u00e1rselas solo.<br \/>\nAlgo viscoso y amargo se amotin\u00f3 en la garganta de Marlene, tan denso que le impidi\u00f3 expulsar el grito que le nac\u00eda en el est\u00f3mago y congestionaba su pecho, haci\u00e9ndole dif\u00edcil respirar.<br \/>\n\u00a1Necesitaba dormir para no salir corriendo hacia ninguna parte!<br \/>\nAndando aprisa y con pies turbados, camin\u00f3 por el pasillo, tambi\u00e9n a oscuras, hacia su rec\u00e1mara, hasta que el filo de una tenue luz bajo la puerta de la rec\u00e1mara de Katia la hizo detenerse frente a ella.<br \/>\n\u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eda esa luz? \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda haberse atrevido a cruzar esa puerta?, se pregunt\u00f3, sintiendo como sus u\u00f1as atormentaban la piel de sus palmas. Nadie pod\u00eda entrar, record\u00f3. S\u00f3lo ella ten\u00eda la llave y nadie m\u00e1s.<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, Dios! \u2014solloz\u00f3, parada frente a la puerta y aferr\u00e1ndose a la llave que bajo su su\u00e9ter colgaba del cuello desde hac\u00eda ya dos a\u00f1os\u2014. \u00bfPor qu\u00e9, por qu\u00e9 ten\u00eda que ser as\u00ed? \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>CONTIN\u00daA<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/christianediting.com\/?page_id=1782\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Vea la Convocatoria al Premio Relato Cristiano 2013.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Premio Relato Cristiano 2012<br \/>\nFRAGMENTOS<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1939,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":["post-1801","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-novedades","entry"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1801","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1801"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1801\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5248,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1801\/revisions\/5248"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1939"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1801"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1801"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/christianediting.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1801"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}